
Ernesto y Lea son sus mejores amigos. Pero a ellos las cosas no les van tan bien. No tienen dinero, no tienen futuro, y desde luego no tienen planes. Él repite monótonamente las ofertas en un supermercado por megafonía en lugar de trabajar en la radio. Y ella tiene que hacerse pasar por sordomuda para hacer la traducción para sordos en un informativo en lugar de ser presentadora.
Pero todo cambia un buen día, en el que los peores presagios de Ernesto (hipocondríaco incorregible) se hacen realidad: a causa de un error médico que él mismo propicia sin darse cuenta, le diagnostican un tumor incurable, y le dan tres meses de vida como máximo.
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